
Bajo la sombra de la carpa de carnaval
los niños buscan un convite delicioso,
elegir entre un variedad de colores brillantes.
Un simple gusto es todo lo que se requiere,
despertar una bailarina pequeñita que revolea en la punta de la lengua.
Hace cosquillas a las papilas gustativas del momento del toco.
La merienda esponjoso flota como oleados de nubes,
un remolino misterioso de fantasía y realidad.
Mientras el sabor dulce desvanece,
el olor de azúcar y verano permanece.
Un maravilloso recuerdo duradero del algodón de azúcar pegajoso.
Me encanta este poema! Es muy creativo y me recuerda a dos de mis cosas favoritas: el verano y el azúcar. =)
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